De la oportunidad al crecimiento

Feria del Parque Centenario

Karina Vignati (*)

Si existe un lugar ideal donde la Biblia y el Calefón conviven fuera de la letra del tango de Discépolo, es sin dudas la feria callejera. Y entre ellas, la del Parque Centenario se lleva varios números de la subasta. En sus 12 hectáreas conviven la histórica feria de libros, la de artesanos (para la que es requisito presentar un certificado que acredite que el feriante fabrica las mercancías con sus propias manos), la feria de los vinilos y la de Cambalache.

en-parque-centenario-31-10-2

Las ferias como esta, que venden “de todo”, surgieron como consecuencia de la crisis del año 2001. La necesidad llevó a la gente a desprenderse de todo lo que no necesitaba, y de lo que necesitaba poco también. Así fue como comenzaron a instalarse los puestos en la periferia del Parque. Una especie de feria de garaje, pero cada vez más poblada y con mayor diversidad de oferta. La Feria del Centenario, que ya cumplió 15 años, ahora es coordinada por una Mutual. Pero los comienzos no fueron fáciles, y eso se percibe al momento de preguntar a los puesteros por la organización.

“¿Usted quiere saber? Yo no le voy a decir nada, búsquela a Mirna que es la coordinadora, está por allá” dice una vendedora de sahumerios y esencias, señalando sin mucha precisión la marea de todo, literalmente todo lo que uno se pueda imaginar cómo vendible.

Mirna es una mujer donde la amabilidad y el carácter van de la mano. Por algo fue elegida en asamblea para cubrir el cargo, que al igual que el de director, dura dos años. A medida que responde las preguntas se trasluce el espíritu de unidad y solidaridad de la Mutual Creación Alternativa de Trabajo. Ese fue el marco legal que dio por terminada la batalla con las autoridades del gobierno de la Ciudad, y la forma de organización actual que tienen los 500 puestos de la feria. “De esta”, precisa, para diferenciarla de “la otra”  que no está bajo ningún marco formal. “Te vas a dar cuenta donde termina la nuestra y empieza la otra” agrega y señala los puestos que hacia el final del recorrido se ubican en triple fila, entre el Observatorio Astronómico y hasta casi el Hospital Marie Curie.

Mirna cuenta que los puestos permanentes abonan la cuota mutual mensual, y los puestos para visitantes se pueden alquilar por día. “Los de visitantes son unos 15 fijos más aquellos puesteros que no vienen por diferentes motivos; cada vez tenemos más demanda de puestos de visita, la crisis se empieza a sentir”. “En la sede, que funciona en Potosí 4486, se brinda asistencia legal, se consiguen medicamentos, pañales, y pequeños créditos para la compra inicial de mercadería”.

El parque Centenario está ubicado en el barrio porteño de Caballito, en el corazón de la ciudad. Fue diseñado con el objeto de conmemorar el centenario de la Revolución de Mayo por el famoso paisajista Charles Thays, el mismo que diseñó los Bosques de Palermo. Característico por su forma ovalada y su lago artificial central, convierte a las calles que lo rodean en una telaraña que desorienta a transeúntes poco avezados. El perímetro está circundado por instituciones de salud pública y el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Andar el camino de los puestos mirando a diestra y siniestra refleja el contraste de la vida misma. Cada cual se las arregla como puede, con lo que consigue, con lo que cree que le dejará más billetes en el bolsillo al final de la jornada. Por momentos se parece a un free shop de aeropuerto repleto de cosméticos importados y caros, pero en el puesto vecino una ferretería en miniatura que ofrece venta y canje de herramientas se mezcla con prendas que alguna vez fueron de shopping y ahora son de segunda mano; y con otras cosidas en talleres de dudosa legalidad.

“La gente nos trae ropa usada para que se la compremos y revendamos, y cada vez vienen más seguido” repiten en los puestos. Maquinitas de afeitar, productos de limpieza sueltos, koquedamas, adaptadores para enchufes, frascos de perfumes importados vacíos que “hay gente que viene a comprar” y “20 minutos de masajes en sillón descontracturante” por 100 pesos. También alguna que otra antigüedad, como las del puesto de una mujer que se cansó de esperar por un lugar en la feria de San Telmo y se vino para acá. Ahora los feriantes de la “exclusiva” feria de la plaza Dorrego vienen a comprarle algunos artículos que revenden a precio a turista. “Esta no es feria de turistas, es feria de gente del barrio, bolivianos, peruanos, algún que otro chileno, se manejan otros costos”.

La frase de Ramón Carrillo pintada en un mural del recorrido reza:“Las conquistas científicas solo sirven si están al servicio del pueblo”. De este pueblo que supo unirse para enfrentar la adversidad  y la convirtió en una oportunidad de crecimiento, y que entendió que aunque el mundo fue y será una porquería no es lo mismo el que labura honestamente que el que está fuera de la ley.

(*) Karina Vignati cursó Redacción Periodística y Crónica Narrativa, a cargo del Prof. Nerio Tello, en los meses de marzo-abril de 2016.

Deja un comentario