Brasil y un futuro de Temer

Por Daniel Maffey  – alumno del curso de Periodismo Internacional

Ni el mayor de los pesimistas hubiese vaticinado aquel 2 de Octubre de 2009 que la elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos presentaría seis años después a un país hundido en una de las mayores crisis políticas de su historia.

Recesión económica, movilizaciones masivas, el ex presidente Lula da Silva entre detenciones y nombramientos, la debilidad política de Rousseff y la intensificación de las disputas entre los poderes del Estado marcan la agenda de un país que parece inexorablemente encaminado a afrontar el segundo impeachment en su historia (el anterior en 1992 contra Fernando Collor de Mello quien renunció antes que comenzara el proceso) y a confirmar la máxima establecida por George Santayana: “Quienes olvidan el pasado, están condenados a repetirlo”[1].

brasil tambos

Los 342 votos requeridos por la cámara de diputados (finalmente fueron 367 votos a favor del impeachment) más los 41 que la cámara alta demanda se presentan como una fuerza arrolladora ante los 54 millones de votos con los que la actual presidenta de Brasil fuera reelecta en su cargo poco menos de dos años atrás. Así de relativo es el tiempo diría Mario.

Y es que más allá que Dilma presente este ataque como el golpe de estado que le toca afrontar desde su madurez y la oposición responda que la constitución lo contempla por lo que la ofensiva por impeachment está lejos de ser un golpe, la realidad factual indica que la caída de la “líder” del  PT dejaría a la democracia brasileña seriamente deslegitimada.

Ninguno de los factores que determinan la caída de Dilma está entre las razones formales del impeachment. A Rousseff se la condena por adulterar la contabilidad fiscal en plena campaña para su reelección. Esto no es un delito penal, sino un “crimen de responsabilidad” que la propia mandataria ha abordado tras conocer los resultados de la votación en la cámara baja: “Los actos por los cuales me acusan fueron practicados por otros presidentes antes que yo y no se caracterizaron como ilegales o delictivos.” sentenció la presidenta. De hecho, es importante recordar que la dirección de este proceso fue convocado y está siendo dirigido por Eduardo Cunha, presidente del congreso, y uno de los nombres que más resuenan ante las sospechas de corrupción en el establishment brasileño. Pero Cunha no está solo, gran parte de los diputados que conforman el congreso más conservador desde 1985 y que buscan la suspensión de la mandataria dicen presente en esta extensa lista.

Dilma

Más allá de los intentos del ex presidente Lula Da Silva por buscar apoyo político en viejos aliados, el futuro de la mandataria parece inalterable. Si la comisión especial creada por la cámara alta aprueba el proyecto, Dilma será suspendida por 180 días mientras dura el juicio y el poder ejecutivo quedará en manos del vicepresidente Michel Temer.

En este hipotético pero probable escenario, el desafío para Temer estará en lograr salir airoso sobre un ejercicio al que Rousseff siempre se mostró esquiva: La negociación. A partir de sus prácticas políticas y su pericia para lograr acuerdos es que el ex vicepresidente “decorativo” obtendrá la estabilidad política necesaria para buscar torcer el rumbo de una sociedad cuyas falencias en los planos económicos, políticos y morales parecen retroalimentarse entre sí.

[1] Santayana, George. La vida de la razón (volumen 5), 1905-1906.

 

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