La Feria, parte del ecosistema del Parque Centenario

Sebastián Rohr (*)

La bandera argentina, colgando del tradicional mástil de Parque Centenario, parece una redundancia los fines de semana. Con solo mirar alrededor uno sabe donde está: mates de mano en mano a pesar de los más de treinta grados de calor, chicos con remeras de River, Boca, o de cualquier club de los alrededores, muestran lo que representa “El Cente” para los vecinos porteños. Su ubicación privilegiada (entre Patricias Argentinas, Ángel Gallardo, Leopoldo Marechal y Díaz Vélez), a pocas cuadras del centro geográfico de la Ciudad de Buenos Aires, genera que miles de personas lleguen por las tardes, atraídas por sus extensos espacios verdes, el lago central y diversas actividades culturales

El perímetro externo del parque, enrejado desde 2012, se cubre, los fines de semana, con puestos que conforman la feria más grande de la ciudad, conocida como la feria “del Centenario”, “Perimetral” o “de Reventa”. Esta feria se despliega en todo el borde norte del parque: desde Cangallo y Patricias Argentinas, bordeando el parque por esta última, luego dobla por Ángel Gallardo, para finalizar sobre Leopoldo Marechal, donde se esconde en la vereda, y los artículos variados son reemplazados por los puestos de libros, otro espacio tradicional en el Centenario.

Pic Parque Centenario

La feria comienza temprano en la mañana, sobre todo en el verano. Entre las 9 y las 10 comienzan a montarse los puestos. Y termina “cuando vemos que ya no hay gente” dicen los feriantes. Si hay venta, puede finalizar pasadas las 20, y claro, cuando llueve, se suspende.

La diversidad es el sello de la feria. Para los chicos hay juguetes, antiguos o actuales, figuritas para el álbum y remeras estampadas; para los adolescentes hay instrumentos musicales, DVDs, libros, revistas, pósters y mates; para los más grandes antigüedades, artículos de ferretería, pesca, ropa usada o nueva, y una variedad fenomenal de artículos. En tiempos en que la compra por Internet de productos específicos se encuentra en auge, llama la atención ver como vecinos se acercan exclusivamente a buscar artículos que saben que se pueden conseguir aquí.

Esto no basta para entender el aire que se respira bajo las lonas del paseo. Tres amigas charlan sobre sus idas y vueltas de las situaciones amorosas. Una pareja de abuelos tomados de la mano observan el movimiento de otros jóvenes que buscan ansiosos una película que no logran conseguir y que aquí seguro está. Un chico de unos 6 años con su remera de Racing y una pelota en la mano insiste: “Vamos a jugar, Ma…”, aunque no logra convencer a su madre y su hermana que continúan pensando adornos para la casa y hurgando en los puestos de ropa que abundan en la Feria.

Algunos vendedores disfrutan de la tarde. “¿Qué edad tiene?” preguntamos a un hombre delgado y canoso que dice llamarse Atilio: “Ponele que 80”, responde. Con su esposa, tiene un puesto de muñequitos de colección, deteriorados algunos, desde hace 4 años. “Y 17 si sumamos cuando estábamos del otro lado de la plaza” en la antigua feria, acotan. Ven pasar a los transeúntes pero están más atentos en la charla que en la venta. Fernando, de 47 años, vende libros hace 20. Pero no está en la feria de libros, sino en esta donde se vende casi de todo. Trabaja solo pero se lo ve charlando con sus linderos no solo asuntos comerciales sino también de la semana, del casamiento de su hija, y otros asuntos. Algunos puesteros reconcentrados en su tarea, tienen la música como aliada. Algunos con parlantes que están a la venta y otros usan el equipo del propio auto, estacionado detrás del puesto.

Los tiempos de cuestionamientos sobre el futuro de la feria por miedo al desalojo por parte de las autoridades ya pasaron. Ahora es legal y cuenta con administradores por sectores que proveen el espacio y los fierros que sostienen las estructuras, que se arman todos los viernes a la noche y se desarman los domingos cuando cerró la feria. Ya todos se sienten parte del ecosistema de “El Centenario”, y no podía ser de otra manera. El parque, eje de la ciudad, se ve envuelto en una feria que tiene el ADN porteño. Los diversos actores, le dan un color distinto, y conforman una foto abarcativa de la enorme y multicultural Buenos Aires.

(*) Sebastián Rohr fue alumno del curso de Redacción Periodística y Crónica Narrativa a cargo del Prof. Nerio Tello en el mes de febrero de 2016.

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